24.3.07

recuerdo la mañana del 24 de marzo de hace 31 años con nitidez.
mis hermanos y yo en la pieza preparándonos para ir a la escuela, la radio encendida en la cocina, una marcha militar sonando y después esa voz de hielo anunciando el toque de queda y el estado de sitio.
mi viejo demasiado serio, puteando bajo, a punto de llorar.
él se fue a trabajar pero a nosotros nos hizo quedar en casa y yo era tan joven y tan hippie - la política pasaba lejos de mí entonces- que lo obedecí sin chistar.
estaba en cuarto año en ese momento y desde que entré a primero en el 73 la escuela había sido nuestra en el mejor sentido, territorio liberado. por eso volver a clases después del golpe fue el primer shock violento, aunque no el único, claro.
de un día para el otro prohibidos los chupines agujereados debajo del guardapolvos, vuelta a la pollera con medias marrones y al pelo recogido, prohibido quedarse charlando en la puerta antes de entrar o a la salida, basta de las nubes de volantes que llovían sobre nosotros cuando llegábamos y cuando nos íbabamos, basta de música en los recreos, basta de baños fumaderos de nuestros primeros puchos, basta de canutos heredados y conquistados donde ir a esconderse cuando fuera necesario, basta de la cara pícara y luminosa de eugenio que jamás volvió para hacerme tentar de risa cada mañana mientras le cantábamos a la bandera.