20.3.07

puro charme rioplatense

tres veces por semana voy a puerto madero del otro lado del río, a esa ciudadela en continuo crecimiento que se planta arrogante y prepotente de espaldas a los coquetos restaurantes y a las barracas recicladas de las dársenas, un mundo difícil de describir que me asalta (oh!) con una desagradable sensación cada vez que camino -no circulan colectivos por ahí- y camino y camino y camino por ese no espacio que de tan gris clarito, encandila.
Hay sólo dos opciones para los giles peatones que por variados motivos deban ingresar a alguna de las oficinas del área y vengan de la ciudad (única procedencia posible si descartamos a buquebús como colectivo de línea) : o cruzás por perón o por córdoba, ¿en el medio? agua. si andás con tiempo y no querés caminar todas esas cuadras hay un gondolieri que te cruza pero yo no experimenté, voy a trabajar y preferiría venecia, si fuera posible.
como yo opté por cruzar "del otro lado" por córdoba, tengo que pasar por el monumental dancing club al que van todos los extranejros que se precien de turistas, "opera bay" que a pesar de su arquitectura futurista me hace acordar a la antigua cueva de los hipopótamos en el zoológico, que nunca me gustó (era blanca e incluía un lugar en lo alto para el ridículo rabito del mastodonte).
atravesada la frontera, la vista de la ciudad desde el puente o en el paseo que bordea el río es casi ilusoria: el piso de piedra, el yatch club de puerto madero y sus veleros con vivos azules estacionados prolijos en hilera, la enorme media luna del edificio espejado y majestuoso de telecom, los otros gigantes de catalinas norte que con una arquitectura distinta a la neoclásica del fascismo te hacen sentir igual de insignificante (para protegerme de eso pensaba cuanto tardaría la megaestructura metálica en ser una ruina si no tuviera elctricidad, por ejemplo, y lo ví de pronto una mole herrumbrada a la que implosionaban con música de wagner de fondo).
El silencio es balsámico y contribuye a la sensación de estar en un set de filmación, en una ciudad fantasma, una escena del truman show, cartón pintado, no hay basura en el piso ni caca de perro, sin embargo, todos se miran con desconfianza como si fueran intrusos en el jardín del ogro....
Los nombres de las calles son todos de mujeres pero estoy segura que si Azucena Villaflor viviera arrancaría con sus manos los cartelitos de la que lleva su nombre en un barrio construido y alquilado por las multinacionales que pidieron la cabeza de sus hijos. hay burla, no homenaje.
La oficina a la que voy (por suerte sólo un rato) es de una multi multi y las alfombras paracen compradas al cartonero baez, están rotas, despelechadas y con unos lamparones de mugre grandes como islas. El resto del mobiliario es como en todos lados: ascéticas y largas mesas de fórmica, boxes con computadoras y más ná.
Como no es posible vivir así y tengo que ir seguido, buscaba yo una comparación lo suficientemente denigrante y descriptiva del lugar como para poder reirme de él y creo que la encontré: salvando las distancias, es una mezcla de dubay y lugano I y II.