composición tema: la cabra
estaba yo en una vuelta de inocente zapping estival cuando las imágenes hicieron que me detuviera en national geographic.
escena I
una selva y el exterior de una cabaña de barro grande, sólida, con los techos de paja algo ahumados.
la cámara se acerca a una construcción más pequeña del mismo estilo que la casa principal, entra y muestra en medio de la penumbra a una niña oriental -vietnamita?- de unos 12 años que en puntas de pie se asoma sobre una rudimentaria tranquera y cuenta sus cabras que están adentro de la choza corral cuando se da cuenta de que le falta una.
la nena está descalza, su ropa es pobre y todo alrededor contrasta con su bellísima carita como de porcelana y con el rojo de la hebilla que lleva en el pelo, una especie de peineta con cintas coloradas que le sujeta prolijo su peinado al costado.
vuelve a contar las cabras, confirma la desgracia y cuando se da cuenta de que no le queda otra va a buscar a su padre que llega a los gritos y culpándola por su descuido, recriminándole que se pasa el día jugueteando y cosas por el estilo. la nena sigue quieta, parada al lado de su padre que no deja de acusarla en un idioma de por sí polifónico, lo que aumenta la resonancia y el efecto del sermón (me dijo una vez una vietnamita que una misma palabra en vietnamí puede tener hasta cinco significados totalmente distintos según la entonación).
la nena permanece mirando a su padre, escuchándolo asustada, inmóvil con las yemas de sus dedos apoyados sobre la boca y los hombros encogidos -en este punto pensaba yo cuál hubiera sido la reacción del padre si no lo hubieran estado filmando, pero no tuve tiempo de detenerme en eso.
el hombre no paraba de chillar -me juego que el subtitulado se tragó más de la mitad de lo que decía- hasta que finalmente salen de la choza corral y, medio a los empujones, manda a la chica a buscar al animal perdido.
escena II
dos vecinos jóvenes (vietnamitas?) se detienen frente a la casa y hacen salir al padre de la nena exigiéndole que pague los destrozos que una de sus cabras les había hecho en su huerta (ya pueden suponer cuál fue la cabra bardera). el padre de la nena habla desde el umbral, sin salir y se defiende argumentando que es imposible reconocer de quién era el animal que se había manducado sus cultivos. sus palabras no convencen a los tipos, por el contrario, la conversación va subiendo de tono, tanto que uno de ellos ratifica su decisión de cobrarse los daños revoleando mientras habla su enorme machete.
es la niña -¿por responsable de lo que pasó?- quien sale a la puerta y apoya los argumentos de su padre sin que aparezca ningún otro adulto como refuerzo. los cuatro hablando al mismo tiempo son casi un grito de batalla y como los hombres se atreven a ingresar en la finca y se acercan amenazantes (estaban como locos), el padre decide meterse con su hija en la casa y trancar la puerta desde adentro.
furiosos, enardecidos por la retirada del vecino y sin dejar de anticipar cada una de sus acciones a los gritos, los jóvenes van al establo y sacan violentamente una cabra que, según ellos, era la más gorda. el que hablaba, levantó al pobre bicho con tanta ira que la hizo volar como si fuera de trapo al atravesar la tranquera hasta aterrizar a sus pies justo frente a la casa.
sin dudarlo ni perder un segundo, de espaldas a la cámara, decapitó de un machetazo al animal que con su cabeza separada unos metros del cuerpo, en una danza macabra revoleaba las patas y movía la cola post mortem durante unos minutos como un perro contento al recibir a su dueño.
creo que observar el reguero de sangre que corría entre sus pies mientras arrastraban el cuerpo ya quieto del bicho fue lo que sacó del éxtasis asesino y apaciguó al más alterado, que en ningún momento paró de hablarle al hombre encerrado en la casa y hasta hizo mención a las cámaras que debían haber grabado todo.
pero las últimas palabras del vengador mientras arrastraba de las patas traseras a la cabra inmolada fueron una advertencia que resignificaba todo: amenazó al hombre diciéndole a los gritos mientras se alejaba que si él continuaba negándose a entregarles a sus hijas en casamiento, terminaría igual que la cabra.
apagué la tele pero la épica troglodita siglo XX me dejó asustada el resto del día.
estaba yo en una vuelta de inocente zapping estival cuando las imágenes hicieron que me detuviera en national geographic.
escena I
una selva y el exterior de una cabaña de barro grande, sólida, con los techos de paja algo ahumados.
la cámara se acerca a una construcción más pequeña del mismo estilo que la casa principal, entra y muestra en medio de la penumbra a una niña oriental -vietnamita?- de unos 12 años que en puntas de pie se asoma sobre una rudimentaria tranquera y cuenta sus cabras que están adentro de la choza corral cuando se da cuenta de que le falta una.
la nena está descalza, su ropa es pobre y todo alrededor contrasta con su bellísima carita como de porcelana y con el rojo de la hebilla que lleva en el pelo, una especie de peineta con cintas coloradas que le sujeta prolijo su peinado al costado.
vuelve a contar las cabras, confirma la desgracia y cuando se da cuenta de que no le queda otra va a buscar a su padre que llega a los gritos y culpándola por su descuido, recriminándole que se pasa el día jugueteando y cosas por el estilo. la nena sigue quieta, parada al lado de su padre que no deja de acusarla en un idioma de por sí polifónico, lo que aumenta la resonancia y el efecto del sermón (me dijo una vez una vietnamita que una misma palabra en vietnamí puede tener hasta cinco significados totalmente distintos según la entonación).
la nena permanece mirando a su padre, escuchándolo asustada, inmóvil con las yemas de sus dedos apoyados sobre la boca y los hombros encogidos -en este punto pensaba yo cuál hubiera sido la reacción del padre si no lo hubieran estado filmando, pero no tuve tiempo de detenerme en eso.
el hombre no paraba de chillar -me juego que el subtitulado se tragó más de la mitad de lo que decía- hasta que finalmente salen de la choza corral y, medio a los empujones, manda a la chica a buscar al animal perdido.
escena II
dos vecinos jóvenes (vietnamitas?) se detienen frente a la casa y hacen salir al padre de la nena exigiéndole que pague los destrozos que una de sus cabras les había hecho en su huerta (ya pueden suponer cuál fue la cabra bardera). el padre de la nena habla desde el umbral, sin salir y se defiende argumentando que es imposible reconocer de quién era el animal que se había manducado sus cultivos. sus palabras no convencen a los tipos, por el contrario, la conversación va subiendo de tono, tanto que uno de ellos ratifica su decisión de cobrarse los daños revoleando mientras habla su enorme machete.
es la niña -¿por responsable de lo que pasó?- quien sale a la puerta y apoya los argumentos de su padre sin que aparezca ningún otro adulto como refuerzo. los cuatro hablando al mismo tiempo son casi un grito de batalla y como los hombres se atreven a ingresar en la finca y se acercan amenazantes (estaban como locos), el padre decide meterse con su hija en la casa y trancar la puerta desde adentro.
furiosos, enardecidos por la retirada del vecino y sin dejar de anticipar cada una de sus acciones a los gritos, los jóvenes van al establo y sacan violentamente una cabra que, según ellos, era la más gorda. el que hablaba, levantó al pobre bicho con tanta ira que la hizo volar como si fuera de trapo al atravesar la tranquera hasta aterrizar a sus pies justo frente a la casa.
sin dudarlo ni perder un segundo, de espaldas a la cámara, decapitó de un machetazo al animal que con su cabeza separada unos metros del cuerpo, en una danza macabra revoleaba las patas y movía la cola post mortem durante unos minutos como un perro contento al recibir a su dueño.
creo que observar el reguero de sangre que corría entre sus pies mientras arrastraban el cuerpo ya quieto del bicho fue lo que sacó del éxtasis asesino y apaciguó al más alterado, que en ningún momento paró de hablarle al hombre encerrado en la casa y hasta hizo mención a las cámaras que debían haber grabado todo.
pero las últimas palabras del vengador mientras arrastraba de las patas traseras a la cabra inmolada fueron una advertencia que resignificaba todo: amenazó al hombre diciéndole a los gritos mientras se alejaba que si él continuaba negándose a entregarles a sus hijas en casamiento, terminaría igual que la cabra.
apagué la tele pero la épica troglodita siglo XX me dejó asustada el resto del día.


