3.9.06



mi gata está por parir.
recorre la casa catando los rincones con el olfato, pretende echarse en estantes llenos de cosas y al darse cuenta de que no es posible va hacia otro lugar tan ridículo como el que acaba de dejar.
me juego la cabeza que finalmente elige mi cama.
kika es chiquita, tiene un año y es su primera -y última- cría.
yo quería que tuviera al menos una vez aunque mi hija no estaba para nada de acuerdo. fueron varias discusiones con la música de fondo de los machos que la llamaban rondando en el techo y los argumentos bastante flacos y hasta estúpidos de mi parte para no castrarla todavía.
- seguro que es bueno para su cuerpo.
nadia me miraba sin decir nada o fruncía la cara incrédula, también en silencio,
y yo seguía
- me encanta el gaterío bebé, los primeros 20 días son mortales, el combo gata-gatitos es una usina con una energía y una ternura alucinante, quiero verlos embellecerse, imagináte el día que abren los ojos, pensálos con ese tamaño de gatos de almanaque que tienen al mes...
ella me contestaba haciéndome recordar lo que ya vivimos reiteradas veces hace años, diciéndome que pensara en esas semanas que median entre los 20 y los 45 días en que ya se los puede separar de la madre, o sea, una parva de miniaturas hiperactivas- y sus correspondientes excrementos- aquí, allá y en todas partes. como un amor de primavera, agregué yo.
le dije que me hacía cargo de encontrarles casa llegado el momento.
por eso, desde ya, antes de que hayan ni siquiera y literalmente, asomado el hocico, aviso que puedo llegar a hacer envíos en la city o al exterior de cachorritos felinos que para entonces, serán expertos en combate con caniche, un grado nada despreciable que los convierte en titanes frente a indeseables roedores.

vayan sabiendo.