
recomendaciones post-resurrección
una vez abierto, no pongas en tu alacena el queso rayado al lado de la leche en polvo, tampoco al lado del azúcar ni cerca de la bolsa con cereales.
todo se aquesona que es un asquete
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si llegás con el tren a once, da la puta suerte que termina abajo, estás en ese vagón que no cabe en la estación y queda dentro del túnel y por desgracia te encontrás ansiando desesperadamente una puerta en medio de una fila que no avanza, no le preguntes al lungo de 2 metros que está parado delante tuyo si baja, porque en once todos bajan.
obviando esa estúpida pregunta uno puede evitarse ser mirado desde las alturas con la misma mudez y el mismo desdén con que mira una vaca.
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si es sábado de gloria y no tenés ganas de vestirte del todo antes de darte una ducha pero es imperioso que salgas a comprar los chinchulines que te comprometiste a conseguir para el primer asado ese día en tu casa y son cerca de las doce, no se te ocurra abrirte la camperita polar para pagarle al carnicero sin antes recordar que debajo de la camperita sólo tenés un ñocorpi de encaje azul. porque por más que abras tu bocota y quieras desaparecer junto con tu ah!!!!!!! inspirado y sonoro, por más que subas el cierre a toda velocidad, es difícil que el tipo del otro lado del mostrador no se sonroje y no baje la vista mientras intenta poner toda su dedicación en hacerle el tercer nudo al paquete.
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mi amiga lily que también tiene una miniatura de perro, hermano de la mía, me recomendó un cartel con la siguiente advertencia para colocar en la puerta de calle
¡¡Cuidado con el perro!!
¡¡No lo pise!!


