es habitual que a las apuradas o en detalle uno dirija su mirada hacia arriba, que haga lo mismo con lo que tiene frente a su nariz -al nivel del mar, digamos- o que si se encuentra en el aire disfrute del horizonte de nubes o de la pequeñez irrisoria que se divisa allá abajo.
pero pocas veces me había sucedido antes recrear una escena como un corte transversal, como un plano que continuara debajo del piso, que se internara en la oscuridad de la tierra.
con los trabajos de albañilería descubrieron un antiguo pozo ciego en desuso en lo que era el living de la casa donde viví nueve años y a la que estoy por volver.
el otro día quise saber qué profundidad podía tener y traté de medir con un caño finito que encontré por ahí de unos tres metros y medio de largo: terminé arrodillada, con el brazo entero adentro del pozo húmedo y el culo apuntando al norte pero nunca toqué el hondo fondo hondo.
sobre el pozo había un piso, sobre el piso una mesa, encima y alrededor -ojos que no ven- mi pequeña hija y yo, sus amigos, los míos, el perro, cualquier desayuno almuerzo merienda cena en esa mesa, cualquier día común o festivo, cualquiera de esas noches interminables con mis zarpados vecinitos de enfrente, el ronroneo de la estufa a gas, todo encima alrededor. y debajo, ese pozo.
pero pocas veces me había sucedido antes recrear una escena como un corte transversal, como un plano que continuara debajo del piso, que se internara en la oscuridad de la tierra.
con los trabajos de albañilería descubrieron un antiguo pozo ciego en desuso en lo que era el living de la casa donde viví nueve años y a la que estoy por volver.
el otro día quise saber qué profundidad podía tener y traté de medir con un caño finito que encontré por ahí de unos tres metros y medio de largo: terminé arrodillada, con el brazo entero adentro del pozo húmedo y el culo apuntando al norte pero nunca toqué el hondo fondo hondo.
sobre el pozo había un piso, sobre el piso una mesa, encima y alrededor -ojos que no ven- mi pequeña hija y yo, sus amigos, los míos, el perro, cualquier desayuno almuerzo merienda cena en esa mesa, cualquier día común o festivo, cualquiera de esas noches interminables con mis zarpados vecinitos de enfrente, el ronroneo de la estufa a gas, todo encima alrededor. y debajo, ese pozo.


