mística del desamparo
santa catalina le pusieron. aunque su mayor milagro hasta ahora haya sido sobrevivir, a sus 5 años y en medio de la enorme villa itatí, a una madre que ya no habita esta tierra. ahí está ella con su papá de treinta y pico quemadísimo por el alcohol, con él y su nueva mujer que en breve le dará un hermanito -los otros dos se perdieron con un pariente después de morir la madre- compartiendo todos una cama que a la larga debe vencer la humedad del piso de tierra con el calor de tantos cuerpos.
ella es hermosa a pesar de sus dientes picados y el olor que sale de su boca cuando se acerca a hablar en voz baja, del pelo revuelto opacado por esa pringosa capa mezcla de suciedad y humo.
santa catalina sale a la tardecita con su padre a manguear, como ella dice, al centro de bernal. a veces junta y a veces no. muñecas no tiene ni una pero ahora cuenta con un oso de peluche que le regaló la negra lily al que la santa abraza para dormirse cada noche.
santa catalina le pusieron. aunque su mayor milagro hasta ahora haya sido sobrevivir, a sus 5 años y en medio de la enorme villa itatí, a una madre que ya no habita esta tierra. ahí está ella con su papá de treinta y pico quemadísimo por el alcohol, con él y su nueva mujer que en breve le dará un hermanito -los otros dos se perdieron con un pariente después de morir la madre- compartiendo todos una cama que a la larga debe vencer la humedad del piso de tierra con el calor de tantos cuerpos.
ella es hermosa a pesar de sus dientes picados y el olor que sale de su boca cuando se acerca a hablar en voz baja, del pelo revuelto opacado por esa pringosa capa mezcla de suciedad y humo.
santa catalina sale a la tardecita con su padre a manguear, como ella dice, al centro de bernal. a veces junta y a veces no. muñecas no tiene ni una pero ahora cuenta con un oso de peluche que le regaló la negra lily al que la santa abraza para dormirse cada noche.


