metrovías y el deporte
el subte iba lleno pero no estábamos ensardinados, cada pasajero disponía de unos centímetros alrededor. yo estaba parada, no tenía nada para leer y entretenerme mirando las caras del resto del pasaje con esa luz helada de los tubos siempre me resulta apocalíptico (si hasta los bebés parecen tener ojeras negras).
había metido las dos manos dentro de los aros de plástico colgantes que hay para sostenerse - esos a los que uno aspira a llegar cuando es chico y que se miran desde abajo como una gloriosa marca de transición al mundo adulto.
adultamente y debido a las demoras que estábamos experimentando en el servicio- más de 5' clavados en la misma estación- pensé que una buena manera de matar el tiempo era usar la barra y los aros para estirarme un poco. mi abrigo es amplio y eso me facilitó las cosas. cada uno de mis movimientos tenía la velocidad de un perezoso y llegué a quedar casi suspendida con los pies apenas apoyados en el piso sin llamar la atención. al menos, eso creo.
el subte iba lleno pero no estábamos ensardinados, cada pasajero disponía de unos centímetros alrededor. yo estaba parada, no tenía nada para leer y entretenerme mirando las caras del resto del pasaje con esa luz helada de los tubos siempre me resulta apocalíptico (si hasta los bebés parecen tener ojeras negras).
había metido las dos manos dentro de los aros de plástico colgantes que hay para sostenerse - esos a los que uno aspira a llegar cuando es chico y que se miran desde abajo como una gloriosa marca de transición al mundo adulto.
adultamente y debido a las demoras que estábamos experimentando en el servicio- más de 5' clavados en la misma estación- pensé que una buena manera de matar el tiempo era usar la barra y los aros para estirarme un poco. mi abrigo es amplio y eso me facilitó las cosas. cada uno de mis movimientos tenía la velocidad de un perezoso y llegué a quedar casi suspendida con los pies apenas apoyados en el piso sin llamar la atención. al menos, eso creo.


