26.8.05

cuando subí al san martín en la estación chacarita estaba casi vacío y elegí un vagón de esos que tienen sólo dos asientos largos enfrentados. igual que los asientos de dos son duros, de una fibra plástica que nunca conoció el tapizado, para pobres. es el ramal donde hace un par de meses murieron unos pibes de los tantos que vienen del fondo porque los aplastó el tren en el que viajaban colgados.
llegando a paternal, los laterales de la vía comienzan a poblarse con casillas de madera o cartón y carpas improvisadas con bolsas de plástico. un asentamiento como los de provincia, pero angosto como chile, en plena capital de la res publica -mon dieu!- (uno de los muchos que brotaron como ciudadelas desdichadas cerca de donde se vende el cartón)
sobre la tierra húmeda los moradores queman algunas ramas e intentan calentarse. por las ventanas cuadradas que tengo enfrente veo la realidad en fotogramas que se suceden a la velocidad del tren en marcha: cielo gris, caras demacradas, tandas de ropa colgando de algún alambre de púa o suspendidas como por arte de magia contra un paredón sin rebocar, humos débiles donde algo en el centro hierve, y membranas asfálticas como el toque plateado de ese futuro galáctico que nunca llegó, membranas asfálticas por todas partes cubriendo los techos enclenques del rancherío.
kirchner no cumple, la membrana dignifica- pensé.
pasando la estación de paternal, centro neurálgico del give and take cartonero, el paisaje se vuelve tradicional.