Ulises nunca salió de Itaca.
Encerrado en un ropero al sufrir un ataque de pánico clásico - por causa de unas historias de tormentas en altamar que su hijo le contara una tarde mientras pescaban- dictaba día y noche a Penélope sus fantásticas aventuras a través de unas perforaciones hechas en la madera.
Ella tomó nota, mejoró notablemente la versión relatada por su marido, guardó silencio y cumplió su papel a la perfección.
Encerrado en un ropero al sufrir un ataque de pánico clásico - por causa de unas historias de tormentas en altamar que su hijo le contara una tarde mientras pescaban- dictaba día y noche a Penélope sus fantásticas aventuras a través de unas perforaciones hechas en la madera.
Ella tomó nota, mejoró notablemente la versión relatada por su marido, guardó silencio y cumplió su papel a la perfección.


