
la sal no sala, el azucar no endulza
y la lluvia no moja. al menos eso fue lo que pasó por un rato con la que cayó el miércoles a la noche sobre buenos aires después de un día cuasi, por no decir totalmente, de verano.
caminé unas cinco cuadras bajo la lluvia, la veía caer, estaba segura porque la veía plateada por los focos de luz de la avenida, pero mi saco estaba seco, igual que mi pelo. sólo un leve flush de humedad sobre la piel y el asombro de que se evaporara antes de llegar al suelo.
cosaelocos


