
decir no, siempre tiene para mí un valor agregado que aparece casi de inmediato.
en ocasiones, es afrodidíaco.
no implica necsariamente sí (aunque, a veces, sí).
sin que me lo proponga, me lleva a reevaluar todo desde otra perspectiva -varias, no una- así lo haya pensado seriamente antes del no ó no.
es el motor de un vehículo que conduzco a medias, la trama secreta que me disputa el argumento, el eslabón perdido de mí misma.


