17.6.05

ayer a la noche estaba esperando el bondi en una parada del parque y todo goteba alrededor mío. hacía frío, llovía, llegaba tarde, quería que el colectivo viniera pronto pero no venía. prendí un pucho y repetí sin querer un conjuro infalible: dar la primera pitada fue verlo aparecer. en unos segundos estaba ahí, me tocaba subir, pero antes de tirarlo pité todo lo profundo que me dieron los pulmones.
no sé por qué no largué el humo como hago siempre, lo cierto es que estaba frente a la máquina de boletos cuando comencé a dejarlo salir y pude ver cómo, de pronto, el espacio desde hace años sacrosanto del colectivo se llenó de un adorable aroma a tabaco acompañado de su inseparable nube envolvente.
la cara de los pasajeros oscilaba entre el estupor y el espanto, me miraban como si estuvieran viendo a una mezcla de yiya murano y jack el destripador pero a mí me daba igual, yo estaba en otra. lo único que deseaba era que la situación se prolongara lo más posible: la imagen del humo flotando dentro del colectivo cerrado y húmedo era una escena robada a un clásico, un revival de colección.