trans for mate
la otra noche vi el programa transformaciones por primera vez y fue debut y despedida. lo conduce nuestra jessica rabbit local, karina mazzoco. desconozco cómo seleccionan a los personajes de este reality carnicero, pero hay tres en cada emisión que se entregan ante las cámaras a las devanadas del bisturí. según me contaron, a veces las cirugías que transmiten son reparadoras de daños severos, pero estas eran puramente con fines estéticos. había dos gordis no tan gordis, que se sacaron grasa a rolete. el cirujano marcó previamente los cuerpos con un fibrón cualunque como si hiciera el boceto de un troquelado para armar: un eje, transversales y un punteado para la ubicación futura de las partes. a continuación, un tordo re banana, con pañuelito tipo pirata en la cabeza en lugar de la tradicional cofia comenzó el desguace: con un agujón de unos 20 cms de largo procede a "extraer tejido adiposo" o , por lo poco que vi - me tapaba la cara como una niña porque me daba náuseas y mi presión oscilaba- comenzó un frenético movimiento subcutáneo de la aguja en uno de los pechos parecido al que un destapador de cloacas podría hacer a ciegas para eliminar algún tapón obstructor en las cañerías. las tajadas del bisturí, no las vi.
pero... mirá que le diste al diente, mamita! sí, sí, las cámaras se encargaron de registrar el excedente graso eliminado con un primer plano al enorme cubo de plástico al lado de la camilla quirúrgica rebalsando de bolsitas llenas del lípido elemento, prolijamente cerradas cual embutido artesanal en stand de kermesse.
una especie de anestesia crónica parecía hermanar a médicos, pacientes y conductora: nunca una duda, nunca un gesto de dolor, tampoco gran alegría ante la obra consumada, nada humano se filtraba ni por casualidad.
pero el caso más patético fue el de un joven al que no le faltaba ni le sobraba nada pero que dedica su tiempo libre a crear nuevas versiones de su rostro con el fotoshop y que, de tanto en tanto, visita al plástico para ver si arrima el bochín acercándose a alguna de sus proyecciones favoritas vía cuchillo: se agregó mentón y rellenó un poco sus pómulos, pero eso no fue lo peor. cuando la mazzocco lo entrevistó post transformación, le preguntó por qué esa obsesividad con la perfección de su cuerpo y él le respondió, como si contara una anécdota de su primera comunión, que como estaba enamorado de sí mismo, cuando veía por la calle personas más bellas que él su deseo era que desaparecieran de la faz de la tierra.
¿cuál hubiera sido el destino de nuestro inocente narciso si la ciencia no hubiera invertido tiempo y dinero en el perfeccionamiento de este tipo de intervenciones? ¿asesino serial? ¿fuerza de paz en irak? ¿torturador de gatos callejeros?.
azorada por tanta alegoría fascista donde el filón se huele a kilómetros y apesta, apagué la tele y me fui a dormir pensando en los diez años que le duró la causa judicial a calamaro por dirigirse a su público en un concierto y comentar "qué linda noche para fumarse un porrito".
la otra noche vi el programa transformaciones por primera vez y fue debut y despedida. lo conduce nuestra jessica rabbit local, karina mazzoco. desconozco cómo seleccionan a los personajes de este reality carnicero, pero hay tres en cada emisión que se entregan ante las cámaras a las devanadas del bisturí. según me contaron, a veces las cirugías que transmiten son reparadoras de daños severos, pero estas eran puramente con fines estéticos. había dos gordis no tan gordis, que se sacaron grasa a rolete. el cirujano marcó previamente los cuerpos con un fibrón cualunque como si hiciera el boceto de un troquelado para armar: un eje, transversales y un punteado para la ubicación futura de las partes. a continuación, un tordo re banana, con pañuelito tipo pirata en la cabeza en lugar de la tradicional cofia comenzó el desguace: con un agujón de unos 20 cms de largo procede a "extraer tejido adiposo" o , por lo poco que vi - me tapaba la cara como una niña porque me daba náuseas y mi presión oscilaba- comenzó un frenético movimiento subcutáneo de la aguja en uno de los pechos parecido al que un destapador de cloacas podría hacer a ciegas para eliminar algún tapón obstructor en las cañerías. las tajadas del bisturí, no las vi.
pero... mirá que le diste al diente, mamita! sí, sí, las cámaras se encargaron de registrar el excedente graso eliminado con un primer plano al enorme cubo de plástico al lado de la camilla quirúrgica rebalsando de bolsitas llenas del lípido elemento, prolijamente cerradas cual embutido artesanal en stand de kermesse.
una especie de anestesia crónica parecía hermanar a médicos, pacientes y conductora: nunca una duda, nunca un gesto de dolor, tampoco gran alegría ante la obra consumada, nada humano se filtraba ni por casualidad.
pero el caso más patético fue el de un joven al que no le faltaba ni le sobraba nada pero que dedica su tiempo libre a crear nuevas versiones de su rostro con el fotoshop y que, de tanto en tanto, visita al plástico para ver si arrima el bochín acercándose a alguna de sus proyecciones favoritas vía cuchillo: se agregó mentón y rellenó un poco sus pómulos, pero eso no fue lo peor. cuando la mazzocco lo entrevistó post transformación, le preguntó por qué esa obsesividad con la perfección de su cuerpo y él le respondió, como si contara una anécdota de su primera comunión, que como estaba enamorado de sí mismo, cuando veía por la calle personas más bellas que él su deseo era que desaparecieran de la faz de la tierra.
¿cuál hubiera sido el destino de nuestro inocente narciso si la ciencia no hubiera invertido tiempo y dinero en el perfeccionamiento de este tipo de intervenciones? ¿asesino serial? ¿fuerza de paz en irak? ¿torturador de gatos callejeros?.
azorada por tanta alegoría fascista donde el filón se huele a kilómetros y apesta, apagué la tele y me fui a dormir pensando en los diez años que le duró la causa judicial a calamaro por dirigirse a su público en un concierto y comentar "qué linda noche para fumarse un porrito".


