10.4.05

en la esquina de casa hay un bar con ventanales que dan a la calle, los típicos, amplios pero que no obligan a quienes ocupan sus mesas a esa exposición desmedida y forzosa de los ventanales pecera de los bares más modernos.
a ella la recuerdo como una de las primeras imágenes de un barrio que hace cinco años era nuevo para mí, y lo que me llama la atención es nuestro vínculo desde entonces.
debe andar por los setenta largos; sumando los centímetros que se llevan los años a los perdidos por una artrosis notable en sus caderas, su estatura no pasa el metro y medio; se arregla con una coquetería y un esmero que deben llevarle parte de la mañana: usa una exagerada cantidad de base que le da a su rostro una apariencia de máscara, el delineador y rimmel resaltan aún más sus enormes y vitales ojos negros donde el tiempo revela una anacronía notable, lleva aros llamativos, collares, rouge rojo señal en su boca amplia que por culpa de una dentadura postiza de mayores dimensiones que la que hubiera correspondido la hace parecerse a algún personaje femenino de molina campos, y esa sonrisa tan de oreja a oreja, con esa plenitud estudiada y al mismo tiempo verosímil de las divas del espectáculo !!. por eso calculo que debe haber sido actriz de variedades o extra de cine, porque sonríe como si agradeciera aplausos, vítores, loas -a veces, si no está ocupada con los cubiertos, acompaña su sonrisa con un gesto de la mano.
en eso consiste todo nuestro trato: invariablemente y cada vez que nos cruzamos nos sonreímos una a la otra vidrio de por medio, desde hace cuatro años, nunca una palabra, pero desde una dimensión algo estrecha del amor podría asegurar que la quiero.