16.4.05



ambrosía

me regalaron un frasco de nutella (una pasta de cacao y avellanas), la olí, probé un poco y me pareció demasiado dulce así que la dejé. unas horas después volví a destaparlo y fue no poder parar: como es espesa, la pasta se adhiere a la lengua que movida por el sabor y la textura ultracremosa ensaya todo tipo de sonoras piruetas entre el paladar y los dientes. sólo un par de segundos mantiene su consistencia porque enseguida la boca se vuelve un mar chocolatoso y líquido; al final uno traga como queriendo retener desesperadamente algo que ya se deshizo y va por más aunque cada vez diga: es la última.
no creo que exista un adulto que haya comido nutella a cucharadas y no haya tenido la misma fantasía que yo: antes de que se termine el frasco untar selectivamente a alguien, ser untado y proceder a la degustación.