9.1.05

semidulce y demodé
como las fábulas
que le contaban por la tarde
después de la cosecha:

se alzaba magnífico el campeón
y calentaba el pico con lo que tuviera a mano
"salir del atolladero
asomar la trucha y hacer de cuenta
que no ha pasado nada"
repetía con su voz de invierno
"no soy yo quien se lamenta
sino ella"

el golpe atávico
acompañando cada palabra
la testa al descubierto
igual el pecho
inútil preguntarse a qué destino iba centrado
ni para qué la huella