28.12.04

la noche de nochebuena fue como tres noches.
noche 1: lily y yo en bernal, 22.30hs, dejamos la comida en el fuego y salimos a comprar puchos y a hacer un par de llamados de larga distancia. ya íbamos volviendo por las calles enlomadas del barrio donde no había ni un alma en las veredas y eran mayoría los 0 km y las 4x4 relucientes, los enormes chalets de dos plantas enmarcadas las puertas y ventanas por esas lucecitas que se pusieron de moda durante el 1 a 1 menemista, lucecitas que festoneaban también los techos de teja y los arbustos de los jardines. yo venía contándole a lily algo que mi padre me terminaba de decir minutos antes por el teléfono y que me había dejado como en el aire: a 44 años de la trágica muerte de mi tía paulina, única y querida hermana de mi madre, alguien había puesto en los avisos fúnebres de la nación un recordatorio "q.e.p.d., falleció el 24-12-60. - A la temprana edad de 30 años. Inolvidable Poli: Tu querido recuerdo está siempre presente en mis pensamientos. Alberto."
de pronto, una sirena de bomberos poderosísima empezó a sonar en la calle desierta. nos miramos perplejas ¿era mi tía desde el cielo que le agradecía a alberto su mensaje o había pasado tanto tiempo como para que ya fueran las doce?
por las dudas, nos abrazamos y nos deseamos felicidades. llegamos a su casa y recién eran las once. debía haber un incendio en algún lado, debía haber sido eso, un incendio.
noche 2: lily y yo comimos a cuatro manos y quedamos de la panza. a las doce brindamos y pedimos deseos alrededor de una vela roja (brujas nosotras? naaaaah). yo acompañé full la cena y el postre con un tinto delicioso y ella con un blanco espumante. a eso de la una, teniendo en cuenta mi escasa resistencia al alcohol, me bajó la presión por lo que me dirigí a una cama cercana, tan cercana que desmayé en ella con una semisonrisa dibujada.
a eso de las tres, timbre y una tanda de visitas no muy bienvenidas, apenas conocidos y en una frecuencia que nada tenía que ver con la nuestra. yo me transformé, como hago a veces, en un monje zen casi invisible y lily les dio salida con una calidad insuperable.
noche 3: nos reímos un rato de los visitantes y cuando nos disponíamos a un café antes de dormir, timbre de nuevo. esta vez, visitas y saludos ansiados. zeus bajó para verme un rato y nos trenzamos desde el primer rellano de la escalera. y como en el anfitrión de plauto, el padre de los dioses hizo que la noche fuera mucho más larga.
al amanecer, se fue junto con sus amigos que estaban de charla con liliana en el living.
cuando estuvimos solas, la negra y yo nos quedamos un rato mirando el esponjoso y gris acolchado de nubes que cubría el cielo, aspirando el aire fresco del jardín, rememorando entre bostezos y risas las tres noches de la buenanoche.