postal navideña desde la ventanilla del bondi
una pareja muy joven mira juguetes en una vidriera. de sus rodillas para abajo los ronda el niño de unos dos años o menos. hace calor y los padres se recuestan sobre una especie de dintel delante del vidrio mientras hablan, evalúan, siguen mirando. mientras tanto, el chico se acerca a la hilera de triciclos y bicicletas alineados en la vereda y amarrados entre sí con una cadena. el nene no toca nada, sólo se para al lado y mece la cadena mientras con la vista recorre extasiado los plásticos fluo, los cromados brillantes. va a donde están la chica y el muchacho y da unas palmadas en la pierna de uno y otro sin pronunciar una palabra. algo tiene que avisarles, algo importante pero ellos todavía no se deciden por un regalo y no le dan bola -aunque con un ojo vigilan todos sus movimientos.
el niño vuelve al tesoro recién descubierto, repite el recorrido sobre los móviles de alturas diferentes con la boca abierta. vuelve más decidido esta vez a donde están sus padres y ahora le tironea el short a su mamá pero tampoco resulta. está inquieto, una impaciencia, una voluntad repentina impostergable hace que sus puñitos se abran y cierren y que con sus sandalias blancas golpee suave el piso, tan suave, tan lejos del berrinche y con una mezcla tal de urgencia y deseo que me hace pensar: con golpecitos así debe haberse originado el universo.
una pareja muy joven mira juguetes en una vidriera. de sus rodillas para abajo los ronda el niño de unos dos años o menos. hace calor y los padres se recuestan sobre una especie de dintel delante del vidrio mientras hablan, evalúan, siguen mirando. mientras tanto, el chico se acerca a la hilera de triciclos y bicicletas alineados en la vereda y amarrados entre sí con una cadena. el nene no toca nada, sólo se para al lado y mece la cadena mientras con la vista recorre extasiado los plásticos fluo, los cromados brillantes. va a donde están la chica y el muchacho y da unas palmadas en la pierna de uno y otro sin pronunciar una palabra. algo tiene que avisarles, algo importante pero ellos todavía no se deciden por un regalo y no le dan bola -aunque con un ojo vigilan todos sus movimientos.
el niño vuelve al tesoro recién descubierto, repite el recorrido sobre los móviles de alturas diferentes con la boca abierta. vuelve más decidido esta vez a donde están sus padres y ahora le tironea el short a su mamá pero tampoco resulta. está inquieto, una impaciencia, una voluntad repentina impostergable hace que sus puñitos se abran y cierren y que con sus sandalias blancas golpee suave el piso, tan suave, tan lejos del berrinche y con una mezcla tal de urgencia y deseo que me hace pensar: con golpecitos así debe haberse originado el universo.


