un paraguas negro roto recorre a los tumbos el asfalto mojado y ofrece un improvisada exhibición en medio de la avenida: las varillas al aire sucesivamente traban e impulsan una disrítmica serie de vueltas carnero mientras la tela sintética se adhiere y se despega del suelo con una avidez inusitada y juvenil que contrasta con su aspecto agónico. aplausos.
31.1.05
30.1.05
happy happy to me
con inusual ánimo de festejo cumpleañero pensé que el mejor regalo que podía hacerme era ir a escuchar un rato de música en vivo (un ratón, mejor dicho).
entón y a tal fin fuimos con mi amiga katya a un recital de flamenco por un anuncio que había salido en el página del jueves. la tormenta era inminente pero el viento nocturno no me produce el mismo efecto que de día sino todo lo contrario: mezclado con los rayos que se disparan sobre la oscuridad del cielo como fogonazos -acá, allá, más allá, cada vez más cerca, cada vez más infrarojos y amenazantes- me hace reir a los gritos esté donde esté, me vuelve comanche.
llegamos al lugar de muy buen humor y con los pelos revueltos por la ventolina y apenas húmedos por las primeras gotas. pero el encargado nos impidió la entrada sin dejar siquiera que nos resguardáramos bajo el toldito de lona verde que había en la puerta. nos miró con tanta extrañeza como si hubiéramos dicho que veníamos a hacer un depósito bancario y se puso al pie de la escalerita de acceso cerrándonos el paso.
- qué es lo que quieren? (¿y qué podíamos querer?)
- entrar, le contesté tan cortada como él. pero katya, hasta cierto punto mucho más diplomática, le dio un dato
- venimos a ver al grupo de flamenco
- ah, nooooooo, el flamenco se suspendió.
- ¿porrrr?, quise saber
- por el tema de las clausuras, contesta sin mirarnos
- pero, el lugar está abierto... y además, ¿para qué lo difundieron?
- se suspendió, justamente para evitar la clausura (¿?¿?), viste cómo es todo...
los gotones ya taladraban y era cerca: taxi a casa.
qué noche corta, iba pensando cuando el tachero me saca de mis pensamientos con su vozarrón
- negrita (¿?¿?¿?), agarramos murillo?
-no, muñecas
-bueno, muñeca, si vos lo decís...
me hizo reir y le cuento que mi día de cumpleaños había comenzado mal. llegamos y el tipo que no tiene cambio de 20 mangos. le digo que podemos buscar y me contesta que no, que estaba bien así, que era un regalo, que los cumpliera muy feliz...
le agradezco más que sorprendida y salto del taxi intentando mojarme lo menos posible: diluvia y me empapo en los diez pasos que me separan de la puerta de casa.
a pesar de todo, el día no empezó tan mal.
con inusual ánimo de festejo cumpleañero pensé que el mejor regalo que podía hacerme era ir a escuchar un rato de música en vivo (un ratón, mejor dicho).
entón y a tal fin fuimos con mi amiga katya a un recital de flamenco por un anuncio que había salido en el página del jueves. la tormenta era inminente pero el viento nocturno no me produce el mismo efecto que de día sino todo lo contrario: mezclado con los rayos que se disparan sobre la oscuridad del cielo como fogonazos -acá, allá, más allá, cada vez más cerca, cada vez más infrarojos y amenazantes- me hace reir a los gritos esté donde esté, me vuelve comanche.
llegamos al lugar de muy buen humor y con los pelos revueltos por la ventolina y apenas húmedos por las primeras gotas. pero el encargado nos impidió la entrada sin dejar siquiera que nos resguardáramos bajo el toldito de lona verde que había en la puerta. nos miró con tanta extrañeza como si hubiéramos dicho que veníamos a hacer un depósito bancario y se puso al pie de la escalerita de acceso cerrándonos el paso.
- qué es lo que quieren? (¿y qué podíamos querer?)
- entrar, le contesté tan cortada como él. pero katya, hasta cierto punto mucho más diplomática, le dio un dato
- venimos a ver al grupo de flamenco
- ah, nooooooo, el flamenco se suspendió.
- ¿porrrr?, quise saber
- por el tema de las clausuras, contesta sin mirarnos
- pero, el lugar está abierto... y además, ¿para qué lo difundieron?
- se suspendió, justamente para evitar la clausura (¿?¿?), viste cómo es todo...
los gotones ya taladraban y era cerca: taxi a casa.
qué noche corta, iba pensando cuando el tachero me saca de mis pensamientos con su vozarrón
- negrita (¿?¿?¿?), agarramos murillo?
-no, muñecas
-bueno, muñeca, si vos lo decís...
me hizo reir y le cuento que mi día de cumpleaños había comenzado mal. llegamos y el tipo que no tiene cambio de 20 mangos. le digo que podemos buscar y me contesta que no, que estaba bien así, que era un regalo, que los cumpliera muy feliz...
le agradezco más que sorprendida y salto del taxi intentando mojarme lo menos posible: diluvia y me empapo en los diez pasos que me separan de la puerta de casa.
a pesar de todo, el día no empezó tan mal.
25.1.05
ley seca
o
liberen a willy
este verano la escasés de faso en buenos aires tomó proporciones desorbitadas, inmerecidas, injustas y anonadantes, y excedió la habitual cantinela de diciembre de "se lo llevan a la costa" (fuentes confiables nos informan que ahí tampoco hay). nuevas rutas, huellas hechas en las calles polvorientas por el ir y venir de ansiosos peregrinos, datos pasados de boca en boca para evitar que un socio en la desgracia pierda el tiempo por caminos que no llevan a ninguna parte. y mil conjeturas sobre las causas posibles que no vienen al caso desarrollar.
parece ser que desde septiembre pasado tienen secuestrada a la hija del ex presidente paraguayo Cubas y esto ocasiona controles muy estrictos enla frontera...
la horda flower power, sin límites de sexo, edad, rango social ni preferencia sexual lanza un llamado a la solidaridad de los secuestradores:
muchachos: ¡¡¡ SUELTEN A ESA CHICA YA!!!!!
o
liberen a willy
este verano la escasés de faso en buenos aires tomó proporciones desorbitadas, inmerecidas, injustas y anonadantes, y excedió la habitual cantinela de diciembre de "se lo llevan a la costa" (fuentes confiables nos informan que ahí tampoco hay). nuevas rutas, huellas hechas en las calles polvorientas por el ir y venir de ansiosos peregrinos, datos pasados de boca en boca para evitar que un socio en la desgracia pierda el tiempo por caminos que no llevan a ninguna parte. y mil conjeturas sobre las causas posibles que no vienen al caso desarrollar.
parece ser que desde septiembre pasado tienen secuestrada a la hija del ex presidente paraguayo Cubas y esto ocasiona controles muy estrictos enla frontera...
la horda flower power, sin límites de sexo, edad, rango social ni preferencia sexual lanza un llamado a la solidaridad de los secuestradores:
muchachos: ¡¡¡ SUELTEN A ESA CHICA YA!!!!!
24.1.05
Roca de alma. Contra ella no hay recursos. No los encuentran. No hay rodeo posible. No lo encuentran.
Con ella tropezarían si avanzaran, y no es más que viento, confluencia de vientos.
Michaux, La vida en los pliegues.
20.1.05
18.1.05
Cómo no
Nunca llegaría al lugar de la cita; una caravana de camiones taponaba la entrada a la capital: todos los accesos estaban igual, ningún transporte llevaba a nadie a ningún lado.
- Relájate y goza, escuchó desde su izquierda. Era el conductor del auto de al lado a quien ella dirigió una mirada que bien podría haberlo fulminado o expulsado fuera haciéndolo atravesar el parabrisas polarizado de no haber sido por el cinturón de seguridad que innecesariamente (primer dato) él seguía teniendo puesto.
- No me hace gracia esta demora, en absoluto, así que ni relax ni gozo, más bien un fastidio inmenso que puede hacer blanco en cualquier objetivo, yo sé lo que te digo.
- Soy inmune a los ataques efectuados a menos de 10 metros, no te preocupes, tirá nomás.
La audacia de la respuesta le produjo una reacción instantánea en el cuerpo -que podría decirse, química-. Innegable e ineludible señal de batalla, una provocación que la sacó de la impotencia para ubicarla donde era pez en el agua. Se acomodó en el asiento, se tomó el tiempo que puede llevar buscar en la cartera y encender despacio un cigarrillo y le dijo:
- Clark Kent?
- Para lo que gustes.
- Entonces sacame de acá, tengo una cita importante en media hora, dale Superman, desplegate.
Él le había clavado los ojos desde hacía rato, no se los sacaba de encima, y en su mirada, por sobre todo rasgo, una llama negra saliendo de un pozo de fondo incalculable.
- Si, corazón, sacame volando en tus fuertes brazos, dijo mirándolo a los ojos ahora ella también; y fue recién entonces cuando se detuvo a observar las extremidades que acababa de desacreditar de movida: traía las mangas de la camisa dobladas y el 75% que estaba a la vista garantizaba que el 25 restante incluía más piel morena, más musculatura tipo andamiaje.
Él desprendió su celular del cinturón sin dejar de observarla, sólo desvió la mirada al teclado del aparatito para pulsar una única tecla y volvió a depositarla sobre la cara de ella; pausada y pesada esa mirada.
- Traeme a Ulises... si, hay lugar, por supuesto... sabés dónde estoy, y mandame a dos por un rato... que sea rápido... Enseguida nos vamos, pero, qué pasó? Te quedaste muda, mi chaleco antibalas está intacto, debo haber escuchado mal, creí que íbamos a tener un rato de acción...
A Mirna le dio sed, deben haber sido esos ojos negros los que le secaron la boca, y el gesto que siguió fue del todo involuntario aunque pueda haber parecido otra cosa, quizás fue una perplejidad casi infantil lo que la llevó a humedecerse los labios con la lengua reseca demorándola más de la cuenta en el recorrido. Ella ni se enteró, pero él no se perdió el movimiento de un sólo músculo de su cara.
- Dios, pensó ella, qué es ésto.
Necesitaba mirar hacia otro lado, reconstruir el espacio en el que estaba, buscar algo familiar, sí, eso, su auto, debía regresar aunque nunca se hubiese movido. Se reclinó en el asiento y se dedicó solamente a terminar de fumar y a mirar por la luneta delantera, y fue toda su respuesta.
El tramo de la autopista donde estaban varados era la imagen del abandono - hubiera servido como botón de muestra de una ciudad entera-. Sus constructores y concesionarios españoles nunca cumplieron la promesa de trasplantar los arboles que habían sacado del antiguo camino cuando hicieron la vía rápida de ocho carriles, aunque todo el mundo vio como se los llevaban envueltos con ese método chino para evitar que tomaran aire sus raíces, aunque los vecinos protestaron por la excesiva sequedad de los terrenos debido a la falta de árboles, por esa especie de planicie desértica en que quedaron convertidos los laterales de la autopista. Un sol magnífico en el medio del cielo parecía burlarse de la humana pequeñez enlatada en las filas de autos.
Para Mirna la contemplación era siempre un viaje hacia sí misma, sus reflexiones sobre lo que le caía delante del ojo eran un cable a tierra vital para ella. Se dejaba llevar en esas exploraciones por sus asociaciones en serie que casi siempre la conducían a buen puerto y no es que obtuviera necesariamente un resulatdo utilitario ni funcional sino más bien algún nuevo comentario para inscribir en su álbum de epifanías diarias. Y en eso estaba cuando lo escuchó, primero lejano y súbitamente, sobre su cabeza: un helicóptero aterrizó en una de las áreas descubiertas a los costados de la autopista levantando una polvareda infernal, el finísimo polvo envolviéndolo todo. Lo que siguió fue muy rápido: la hélice dejo de girar, dos tipos bajaron y se acercaron corriendo hacia donde estaban ellos:
-Son de mi total confianza, dijo señalando a los hombres que ya estaban parados uno a cada lado -¿dónde te dejan el auto cuando esto se libere y se puedan ir de aquí?
Ella, tratando de mantener una apariencia calma, tomó una lapicera y un papel de la guantera, anotó una dirección -no la suya, obviamente- y sin decir palabra se estiró hasta alcanzársela por la ventanilla; él, a cambio, le entregó su tarjeta.
Si alguien le hubiera contado un episodio semejante, Mirna no lo hubiera creído; quizás hasta hubiera reflexionado sobre la mitomanía y su arista cómica, ese permiso para disfrazar los sueños y traerlos, ese lugar fantástico a medias que siempre le caía en gracia. Pero no. No era un chiste ni el plus de inventiva de alguno de sus amigos lo que le hacia volar el pelo en un remolino incontenible y le impedía escuchar lo que el hombre intentaba decirle hablándole casi al oído. No, eso era real, tanto como que estaba en manos de un desconocido y lo dejaba hacer.
Subieron al helicóptero y, como por arte de magia, el ruido se hizo casi imperceptible una vez que la puerta se cerró. Ella no tenía idea de que este tipo de máquinas pudiera tener un compartimento tan aislado y acondicionado, una suite minimal. Los asientos eran de pana color maíz como la pequeña alfombra a sus pies, lo mismo las paredes y el techo. Él se recostó en el respaldo de su butaca y ya no la miraba a los ojos sino que la recorría de la cabeza a los pies deteniéndose donde se le daba la gana el tiempo que le daba la gana. Mirna se puso incómoda, ese exceso de libertad de algunos tipos -ese creer que como el que mira no toca y los ojos son suyos puede apropiarse con ellos de lo que se le ocurra- siempre le producía una violencia incontenible y con seguridad en otro contexto ya le hubiera gesticulado un fuck you rotundo. Lo que hizo en cambio, fue descorrer la pequeña cortina de hilo blanco y mirar las nubes que, desde abajo, creaban un amortiguador ideal para su ira (pero... ¿quién carajo se creerá que es este tipo? ¿se pensará que me impresiona su avioncito de mierda? seguro debe ser alguno de nuestros mafiosos locales, o no, con esos ojos y un helicóptero a su disposición tal vez sea el embajador de algún emirato que viene a controlar los negocios, o quizás un pariente de la dinastía menemista, algún cerdo del clan...
Él le ofrció algo para tomar, y ella apenas si giró la cabeza para contestar.
- Quiero un licuado de bananas con mucho hielo. ¿Podrá ser?. A vos te aconsejaría sólo el hielo.
Era la primera vez que lo veía sonreír y su semisonrisa dejó entrever un destello dorado: un diente.
Nunca llegaría al lugar de la cita; una caravana de camiones taponaba la entrada a la capital: todos los accesos estaban igual, ningún transporte llevaba a nadie a ningún lado.
- Relájate y goza, escuchó desde su izquierda. Era el conductor del auto de al lado a quien ella dirigió una mirada que bien podría haberlo fulminado o expulsado fuera haciéndolo atravesar el parabrisas polarizado de no haber sido por el cinturón de seguridad que innecesariamente (primer dato) él seguía teniendo puesto.
- No me hace gracia esta demora, en absoluto, así que ni relax ni gozo, más bien un fastidio inmenso que puede hacer blanco en cualquier objetivo, yo sé lo que te digo.
- Soy inmune a los ataques efectuados a menos de 10 metros, no te preocupes, tirá nomás.
La audacia de la respuesta le produjo una reacción instantánea en el cuerpo -que podría decirse, química-. Innegable e ineludible señal de batalla, una provocación que la sacó de la impotencia para ubicarla donde era pez en el agua. Se acomodó en el asiento, se tomó el tiempo que puede llevar buscar en la cartera y encender despacio un cigarrillo y le dijo:
- Clark Kent?
- Para lo que gustes.
- Entonces sacame de acá, tengo una cita importante en media hora, dale Superman, desplegate.
Él le había clavado los ojos desde hacía rato, no se los sacaba de encima, y en su mirada, por sobre todo rasgo, una llama negra saliendo de un pozo de fondo incalculable.
- Si, corazón, sacame volando en tus fuertes brazos, dijo mirándolo a los ojos ahora ella también; y fue recién entonces cuando se detuvo a observar las extremidades que acababa de desacreditar de movida: traía las mangas de la camisa dobladas y el 75% que estaba a la vista garantizaba que el 25 restante incluía más piel morena, más musculatura tipo andamiaje.
Él desprendió su celular del cinturón sin dejar de observarla, sólo desvió la mirada al teclado del aparatito para pulsar una única tecla y volvió a depositarla sobre la cara de ella; pausada y pesada esa mirada.
- Traeme a Ulises... si, hay lugar, por supuesto... sabés dónde estoy, y mandame a dos por un rato... que sea rápido... Enseguida nos vamos, pero, qué pasó? Te quedaste muda, mi chaleco antibalas está intacto, debo haber escuchado mal, creí que íbamos a tener un rato de acción...
A Mirna le dio sed, deben haber sido esos ojos negros los que le secaron la boca, y el gesto que siguió fue del todo involuntario aunque pueda haber parecido otra cosa, quizás fue una perplejidad casi infantil lo que la llevó a humedecerse los labios con la lengua reseca demorándola más de la cuenta en el recorrido. Ella ni se enteró, pero él no se perdió el movimiento de un sólo músculo de su cara.
- Dios, pensó ella, qué es ésto.
Necesitaba mirar hacia otro lado, reconstruir el espacio en el que estaba, buscar algo familiar, sí, eso, su auto, debía regresar aunque nunca se hubiese movido. Se reclinó en el asiento y se dedicó solamente a terminar de fumar y a mirar por la luneta delantera, y fue toda su respuesta.
El tramo de la autopista donde estaban varados era la imagen del abandono - hubiera servido como botón de muestra de una ciudad entera-. Sus constructores y concesionarios españoles nunca cumplieron la promesa de trasplantar los arboles que habían sacado del antiguo camino cuando hicieron la vía rápida de ocho carriles, aunque todo el mundo vio como se los llevaban envueltos con ese método chino para evitar que tomaran aire sus raíces, aunque los vecinos protestaron por la excesiva sequedad de los terrenos debido a la falta de árboles, por esa especie de planicie desértica en que quedaron convertidos los laterales de la autopista. Un sol magnífico en el medio del cielo parecía burlarse de la humana pequeñez enlatada en las filas de autos.
Para Mirna la contemplación era siempre un viaje hacia sí misma, sus reflexiones sobre lo que le caía delante del ojo eran un cable a tierra vital para ella. Se dejaba llevar en esas exploraciones por sus asociaciones en serie que casi siempre la conducían a buen puerto y no es que obtuviera necesariamente un resulatdo utilitario ni funcional sino más bien algún nuevo comentario para inscribir en su álbum de epifanías diarias. Y en eso estaba cuando lo escuchó, primero lejano y súbitamente, sobre su cabeza: un helicóptero aterrizó en una de las áreas descubiertas a los costados de la autopista levantando una polvareda infernal, el finísimo polvo envolviéndolo todo. Lo que siguió fue muy rápido: la hélice dejo de girar, dos tipos bajaron y se acercaron corriendo hacia donde estaban ellos:
-Son de mi total confianza, dijo señalando a los hombres que ya estaban parados uno a cada lado -¿dónde te dejan el auto cuando esto se libere y se puedan ir de aquí?
Ella, tratando de mantener una apariencia calma, tomó una lapicera y un papel de la guantera, anotó una dirección -no la suya, obviamente- y sin decir palabra se estiró hasta alcanzársela por la ventanilla; él, a cambio, le entregó su tarjeta.
Si alguien le hubiera contado un episodio semejante, Mirna no lo hubiera creído; quizás hasta hubiera reflexionado sobre la mitomanía y su arista cómica, ese permiso para disfrazar los sueños y traerlos, ese lugar fantástico a medias que siempre le caía en gracia. Pero no. No era un chiste ni el plus de inventiva de alguno de sus amigos lo que le hacia volar el pelo en un remolino incontenible y le impedía escuchar lo que el hombre intentaba decirle hablándole casi al oído. No, eso era real, tanto como que estaba en manos de un desconocido y lo dejaba hacer.
Subieron al helicóptero y, como por arte de magia, el ruido se hizo casi imperceptible una vez que la puerta se cerró. Ella no tenía idea de que este tipo de máquinas pudiera tener un compartimento tan aislado y acondicionado, una suite minimal. Los asientos eran de pana color maíz como la pequeña alfombra a sus pies, lo mismo las paredes y el techo. Él se recostó en el respaldo de su butaca y ya no la miraba a los ojos sino que la recorría de la cabeza a los pies deteniéndose donde se le daba la gana el tiempo que le daba la gana. Mirna se puso incómoda, ese exceso de libertad de algunos tipos -ese creer que como el que mira no toca y los ojos son suyos puede apropiarse con ellos de lo que se le ocurra- siempre le producía una violencia incontenible y con seguridad en otro contexto ya le hubiera gesticulado un fuck you rotundo. Lo que hizo en cambio, fue descorrer la pequeña cortina de hilo blanco y mirar las nubes que, desde abajo, creaban un amortiguador ideal para su ira (pero... ¿quién carajo se creerá que es este tipo? ¿se pensará que me impresiona su avioncito de mierda? seguro debe ser alguno de nuestros mafiosos locales, o no, con esos ojos y un helicóptero a su disposición tal vez sea el embajador de algún emirato que viene a controlar los negocios, o quizás un pariente de la dinastía menemista, algún cerdo del clan...
Él le ofrció algo para tomar, y ella apenas si giró la cabeza para contestar.
- Quiero un licuado de bananas con mucho hielo. ¿Podrá ser?. A vos te aconsejaría sólo el hielo.
Era la primera vez que lo veía sonreír y su semisonrisa dejó entrever un destello dorado: un diente.
16.1.05
centri-fugado-audiomanual (addicted to emotions)
después de lavar la ropa, lleno la bañadera para el enjuague.
hace un rato, luego de sacar el tapón para que se vacíe, observaba esa especie de remolino hipnótico, ese ojo de huracán a escala reducida que se forma sobre el sumidero cuando ya es poca el agua que queda por escurrirse. fue entonces cuando, inesperadamente y junto con el ruidito característico que acompaña el último tramo del desagote, salieron a flote unas palabras que guardaba mi memoria "...es que no quiero perderte..."
después de lavar la ropa, lleno la bañadera para el enjuague.
hace un rato, luego de sacar el tapón para que se vacíe, observaba esa especie de remolino hipnótico, ese ojo de huracán a escala reducida que se forma sobre el sumidero cuando ya es poca el agua que queda por escurrirse. fue entonces cuando, inesperadamente y junto con el ruidito característico que acompaña el último tramo del desagote, salieron a flote unas palabras que guardaba mi memoria "...es que no quiero perderte..."
14.1.05
Felina , el blog de Nina.
12.1.05
9.1.05
semidulce y demodé
como las fábulas
que le contaban por la tarde
después de la cosecha:
se alzaba magnífico el campeón
y calentaba el pico con lo que tuviera a mano
"salir del atolladero
asomar la trucha y hacer de cuenta
que no ha pasado nada"
repetía con su voz de invierno
"no soy yo quien se lamenta
sino ella"
el golpe atávico
acompañando cada palabra
la testa al descubierto
igual el pecho
inútil preguntarse a qué destino iba centrado
ni para qué la huella
como las fábulas
que le contaban por la tarde
después de la cosecha:
se alzaba magnífico el campeón
y calentaba el pico con lo que tuviera a mano
"salir del atolladero
asomar la trucha y hacer de cuenta
que no ha pasado nada"
repetía con su voz de invierno
"no soy yo quien se lamenta
sino ella"
el golpe atávico
acompañando cada palabra
la testa al descubierto
igual el pecho
inútil preguntarse a qué destino iba centrado
ni para qué la huella
8.1.05
cuando verdiluce
mismea el esplendor
a veces me re
conforta
otras re
sucita
y otras re
dime
si me equivoco
mismea el esplendor
a veces me re
conforta
otras re
sucita
y otras re
dime
si me equivoco
mi tortuga está inquieta, va y viene por el departamento, ya no puedo acariciarle el caparazón como antes, ahora se eleva en sus cuatro cortas patas lo más que puede, casi a apunto de despegar: extraña a su tortugo, creo que quiere más.
voy a juntarlos de nuevo.
voy a juntarlos de nuevo.
6.1.05
adoro este calor desbordado, amo freirme como un cornalito mientras camino por las insufribles veredas de buenos aires en verano. me calienta en todos los sentidos de la palabra, me vivifica, me despierta, me enloquece. me gusta el peso agobiante del sol y el aire casi irrespirable, me dan ganas de gritar.
claro que preferiría estar en el mar o la montaña, pero de todas formas, me fascina exigirle al cuerpo el esfuerzo extra (extraordinario) que requiere seguir moviéndose en días de alta temperatura como estos, días en que la calle se parte como un durazno de alquitrán y yo con él.
casi no como, el calor me quita el hambre. pico algo, tomo mucha agua y floto.
p.s: ya sé por qué debe ser que me gusta tanto el calor. en mi infancia, los veranos en casa y en el barrio eran de locos para mí: un estado de libertad semisalvaje, de felicidad sin límites, donde las sensaciones quedaron fijadas como impresiones en la piel, algo que vuelve, inexorablemente, cada verano.
claro que preferiría estar en el mar o la montaña, pero de todas formas, me fascina exigirle al cuerpo el esfuerzo extra (extraordinario) que requiere seguir moviéndose en días de alta temperatura como estos, días en que la calle se parte como un durazno de alquitrán y yo con él.
casi no como, el calor me quita el hambre. pico algo, tomo mucha agua y floto.
p.s: ya sé por qué debe ser que me gusta tanto el calor. en mi infancia, los veranos en casa y en el barrio eran de locos para mí: un estado de libertad semisalvaje, de felicidad sin límites, donde las sensaciones quedaron fijadas como impresiones en la piel, algo que vuelve, inexorablemente, cada verano.
5.1.05
4.1.05
(me lo contaron ayer y me reí media hora)
- doctora, estoy desesperado. tengo una erección constante las 24 hs del día ¿podría ayudarme con algo?
- 1000 euros mensuales, casa y comida. más no puedo.
- doctora, estoy desesperado. tengo una erección constante las 24 hs del día ¿podría ayudarme con algo?
- 1000 euros mensuales, casa y comida. más no puedo.
relax michaux
Los cónyugues malavenidos
Los cónyugues malavenidos constituyen un peligro mágico, y se ha visto todas las habitaciones de un pueblo caer hechas polvo, consumidas por la violencia de los sentimientos hostiles de un marido hacia su mujer, sentimientos que trató quizás él mismo de disimular hasta entonces, cuando, en el momento en que el pueblo desmoronábase en polvo, debió rendirse a la evidencia.
(En el país de la magia, 1941)
Paisajes
Paisajes apacibles o desolados.
Paisajes de la carretera de la vida antes que de la superficie de la tierra.
Paisajes del tiempo que corre lentamente, casi inmóvil y a veces como retrocediendo.
Paisajes de los andrajos, de los nervios lacerados, de las "saudades".
Paisajes para defenderse de las llagas, del acero, del estrépito, de la época, de la soga al cuello, de la movilización.
Paisajes para abolir las crisis.
Paisajes como una sábana que uno se arroja a la cabeza.
(Pinturas, 1939)
Los cónyugues malavenidos
Los cónyugues malavenidos constituyen un peligro mágico, y se ha visto todas las habitaciones de un pueblo caer hechas polvo, consumidas por la violencia de los sentimientos hostiles de un marido hacia su mujer, sentimientos que trató quizás él mismo de disimular hasta entonces, cuando, en el momento en que el pueblo desmoronábase en polvo, debió rendirse a la evidencia.
(En el país de la magia, 1941)
Paisajes
Paisajes apacibles o desolados.
Paisajes de la carretera de la vida antes que de la superficie de la tierra.
Paisajes del tiempo que corre lentamente, casi inmóvil y a veces como retrocediendo.
Paisajes de los andrajos, de los nervios lacerados, de las "saudades".
Paisajes para defenderse de las llagas, del acero, del estrépito, de la época, de la soga al cuello, de la movilización.
Paisajes para abolir las crisis.
Paisajes como una sábana que uno se arroja a la cabeza.
(Pinturas, 1939)
2.1.05
nada nuevo, la misma endemia nacional de siempre.
recién pasé por la esquina de casa donde hay un boliche en el que tocan bandas de rock todos los finde. en la puerta de vidrio hay pegado una especie de "documento" con muchos sellos y firmas que dice algo así: "(...) realizado el control, comprobamos que el local cumplió la orden de duelo nacional decretada por el gobierno y se encuentra cerrado (...)31/12/04"
el principal responsable de lo que ocurrió en el boliche del psicópata de chabán, o sea, el gobierno a través de sus funcionarios, recurre a la prohibición (qué raro, no?) como remedio a lo que fue SU responsabilidad y manda controles el 31 de diciembre, no para verificar las habilitaciones sino para controlar que se cumpla el hipócrita y chupacirios decreto de duelo (como si no nos hubiéramos sentido todos, ese día, padres, tíos, hermanos, amigos, novios y novias de los muertos...)
los jóvenes salieron a la calle el 31 después de brindar, ya que no podían ir a otro lado. en plaza serrano, por ejemplo, los bares que bordean la plaza estaban abiertos pero no podían poner música y unos canas les dijeron a los jóvenes que se habían juntado en la placita que no podían tocar la guitarra ni cantar.
los ratis se tuvieron que ir silbando bajito porque los pibes se los querían morfar.
ante la provocación del cartelito que vi pegado en la puerta del boliche de la esquina de casa (y que, seguramente, está en todos los demás) sólo se me ocurren soluciones violentas como la de Los Angeles, aquella madrugada en que estalló la furia. y que vengan los blumberg a decirnos negritos de mierda, que vengan...
recién pasé por la esquina de casa donde hay un boliche en el que tocan bandas de rock todos los finde. en la puerta de vidrio hay pegado una especie de "documento" con muchos sellos y firmas que dice algo así: "(...) realizado el control, comprobamos que el local cumplió la orden de duelo nacional decretada por el gobierno y se encuentra cerrado (...)31/12/04"
el principal responsable de lo que ocurrió en el boliche del psicópata de chabán, o sea, el gobierno a través de sus funcionarios, recurre a la prohibición (qué raro, no?) como remedio a lo que fue SU responsabilidad y manda controles el 31 de diciembre, no para verificar las habilitaciones sino para controlar que se cumpla el hipócrita y chupacirios decreto de duelo (como si no nos hubiéramos sentido todos, ese día, padres, tíos, hermanos, amigos, novios y novias de los muertos...)
los jóvenes salieron a la calle el 31 después de brindar, ya que no podían ir a otro lado. en plaza serrano, por ejemplo, los bares que bordean la plaza estaban abiertos pero no podían poner música y unos canas les dijeron a los jóvenes que se habían juntado en la placita que no podían tocar la guitarra ni cantar.
los ratis se tuvieron que ir silbando bajito porque los pibes se los querían morfar.
ante la provocación del cartelito que vi pegado en la puerta del boliche de la esquina de casa (y que, seguramente, está en todos los demás) sólo se me ocurren soluciones violentas como la de Los Angeles, aquella madrugada en que estalló la furia. y que vengan los blumberg a decirnos negritos de mierda, que vengan...


