4.8.08
12.7.08
Tortulia
ya no estoy para discursos
en que el mudo escucha al sordo
su realidad superpoblada
distinto es cuando pasa
el aire
fresco entre cortinas
y trae y lleva
voces
más que palabras
ya no estoy para discursos
en que el mudo escucha al sordo
su realidad superpoblada
distinto es cuando pasa
el aire
fresco entre cortinas
y trae y lleva
voces
más que palabras
2.3.08
19.1.08
cambio de agenda.
casi siempre es ya entrado enero. tengo la costumbre de revisar una por una las hojas de la del año anterior por si hay algo importante o inútil pero interesante y encontré escrito esto que no sé de dónde lo saqué.
advertencia: no resiste casi ninguna pregunta, da vértigo, pero me gusta la idea
el alma sale del cuerpo del mismo modo en que un niño sale de la escuela: de prisa y con alegría.
casi siempre es ya entrado enero. tengo la costumbre de revisar una por una las hojas de la del año anterior por si hay algo importante o inútil pero interesante y encontré escrito esto que no sé de dónde lo saqué.
advertencia: no resiste casi ninguna pregunta, da vértigo, pero me gusta la idea
el alma sale del cuerpo del mismo modo en que un niño sale de la escuela: de prisa y con alegría.
remix publicitario espidificante
o
el viento y la arena ... de sucundún, ni hablar
jóvenes correteando por la playa, cuerpos casi desnudos, adorables espejismos criados en agua de mar. escapar de la mirada adulta es fácil. el horizonte abierto ante ellos los envuelve hipnótico , irresistible y los lleva a buscarse, y se encuentran
pero no se tocan
no se huelen
no se calientan en una lona
no hablan
no se besan con el sol pegándoles justo ahí
no buscan gaviotas imposibles
no hacen pocitos en la arena mientras se miran de arribaabajo
no se pierden en los médanos
no no
él- dame tuco
ella- ¿¿¿ tuco ???
él- sí, dame tuco rreo elec trónico
ella- vamoaver
o
el viento y la arena ... de sucundún, ni hablar
jóvenes correteando por la playa, cuerpos casi desnudos, adorables espejismos criados en agua de mar. escapar de la mirada adulta es fácil. el horizonte abierto ante ellos los envuelve hipnótico , irresistible y los lleva a buscarse, y se encuentran
pero no se tocan
no se huelen
no se calientan en una lona
no hablan
no se besan con el sol pegándoles justo ahí
no buscan gaviotas imposibles
no hacen pocitos en la arena mientras se miran de arribaabajo
no se pierden en los médanos
no no
él- dame tuco
ella- ¿¿¿ tuco ???
él- sí, dame tuco rreo elec trónico
ella- vamoaver
5.1.08
3.1.08
en estos días de temperaturas extremas 8 de cada 10 mujeres con el pelo pasando la nuca que se ven por la calle lo tenemos atado en un rodete bien alto onda bailarina rusa, o en su defecto, bajo, un perfil evitista.
y si no te gusta el rodete, rodéte
y si no te gusta el rodete, rodéte
30.12.07
para inx y luc
no sé si escribir sobre el semen encontrado en el recto del represor febres (una de las posibilidades es que perteneciera a él mismo ¿?¿?¿?¿?)
o
sobre un encuentro imaginario que tuve este mediodía con el casi asesino que atropelló con su auto a mi perro cecé hace un año -cuando aún no era mi perro-. a raíz de mirarlo cómodamente escondido bajo la escalera de casa para protegerse de la insufrible y tradicional cohetería navifindeañera, rememoraba yo el momento de un accidente que no presencié -el pichicho estaba tirado gritando en un corner de las graníticas y enormes paredes del correo cuando lo ví- y se me ocurrió el lema "todos somos casi asesinos"
no me decido
no sé si escribir sobre el semen encontrado en el recto del represor febres (una de las posibilidades es que perteneciera a él mismo ¿?¿?¿?¿?)
o
sobre un encuentro imaginario que tuve este mediodía con el casi asesino que atropelló con su auto a mi perro cecé hace un año -cuando aún no era mi perro-. a raíz de mirarlo cómodamente escondido bajo la escalera de casa para protegerse de la insufrible y tradicional cohetería navifindeañera, rememoraba yo el momento de un accidente que no presencié -el pichicho estaba tirado gritando en un corner de las graníticas y enormes paredes del correo cuando lo ví- y se me ocurrió el lema "todos somos casi asesinos"
no me decido
14.9.07
llego de la calle
afuera llueve y hace frío
-un ejemplo de lógica-
fumo uno con un café
leo cosas en internet
y mis cachorros wi fi
descansan cada uno en su site
a mis pies
no hay razones para reir
pero por un rato
el mundo suspendido
a eones de distancia
parece inofensivo
afuera llueve y hace frío
-un ejemplo de lógica-
fumo uno con un café
leo cosas en internet
y mis cachorros wi fi
descansan cada uno en su site
a mis pies
no hay razones para reir
pero por un rato
el mundo suspendido
a eones de distancia
parece inofensivo
11.9.07
2.9.07

no se le desea feliz cumpleaños a un muerto, sé que es ridículo, en esa fecha lo que se celebra es justamente que alguien haya nacido un día, festejamos que exista, que esté ahí con nosotros, y con los muertos no es posible.
pero es que desde ayer me ronda la imagen de gustavo, diría que su presencia , encima anoche en una fiesta (de cumpleaños) me encontré con alguien que lo conoció bastante y hablamos de él.
hoy extrtaño su vozarrón grave en el teléfono diciéndome - gracias, querida, por acordarte
extraño su abrazo de oso con la campera de gamulan negra, su desmesura, su ternura dil cocco
para mí que bajó a darse una vuelta y por eso no puedo sacármelo de la cabeza, por eso y por si además le da una leidíta a mi blog
feliz cumpleaños, gusssss
pero es que desde ayer me ronda la imagen de gustavo, diría que su presencia , encima anoche en una fiesta (de cumpleaños) me encontré con alguien que lo conoció bastante y hablamos de él.
hoy extrtaño su vozarrón grave en el teléfono diciéndome - gracias, querida, por acordarte
extraño su abrazo de oso con la campera de gamulan negra, su desmesura, su ternura dil cocco
para mí que bajó a darse una vuelta y por eso no puedo sacármelo de la cabeza, por eso y por si además le da una leidíta a mi blog
feliz cumpleaños, gusssss
1.9.07
¿por qué carajo no habré nacido en la campiña holandesa?
liniers- ciudadela I
el barrio está fatal. volver tadre a la noche como volvemos mi hija y yo es un multiple choice donde todas dan incorrecto. caminar las cuadras que nos separan de la estación de liniers hasta casa es peligroso, sobre todo las dos últimas donde siempre es ir con el corazón a mil y el sobresalto ante el menor ruido que no sean los propios pasos. la otra variante, esperar el bondi en la mismísima estación de liniers, es la posibilidad cercanísima de que te pungueen por que pasa todos los días mientras la cana está románticamente controlando la alcojolemia bajo el puente de la general paz. Muchas veces espero el bondi en ese lugar y la actitud necesaria sería la del samurai que no soy por lo que la única que queda es estar girando casi permanentemente, cambiando de frente -sin que sea alevoso- porque pueden venir de cualquier lado. a veces está el colectivo y por la alegría de habernos evitado el mal momento de la espera uno tiene ganas hasta de preguntarle al chofer por la familia aunque no lo haya visto nunca antes, pero eso pasa sólo a veces.
liniers- ciudadela II
- má, hoy fui a hablar con la cana que está abajo del puente
- ehhh? para qué?
- les dije por qué no había un par en la estación para que no afanen a la noche, que cómo podía ser que no hicieran nada su estan a 100 metros
- loca como tu madre, qué te dijeron
- que no podían hacer nada, que eran los pibitos del hogar que está al lado de san cayetano, que viene el cura y los saca , que si los agarran y los llevan en cana los sancionan 15 días a los policías.
- bloomberianos hijos de puta, estos son los que quieren bajar la edad de imputabilidad. será verdad que son los pibes del hogar o será una mafia organizada por la cana?.
- me dijo que hay que ir a ver al fiscal
- queeee? ni loca, no, basta de hablar con la policía
- pero tengo miedo
- si son los pibes del hogar hay que hacer algo con ellos directamente, sin cana ni fiscales, tiene que haber una solución posible (me vino a la cabeza en ese momento el personaje de boluda total de cha cha cha)
-....
-....
- hacer algo? qué querés decir?
- no sé, pero hay que hacer algo...
Sólo para conformar una escena perfecta pensó que el tenía tanto amor como para poner en marcha una fábrica, para dar energía a toda una ciudad, o impulsar un tren.
Pero no era cierto
liniers- once
el sarmiento no estaba tan poblado esa mañana y hasta pude elegir dónde pararme. la escena frente a mí me mostraba a tres mujeres y dos niñas que ocupaban dos asientos enfrentados donde se respiraba un microclima festivo casi de compartimiento privado, una algarabía como si viajaran en el last train to london. las tres mujeres eran ciegas, una tendría cerca de cincuenta y las otras dos unos treinta y algo. una de ellas tenía un aspecto desagradable del que no debería tener ni idea: era bastante gorda y tenía el pecho lleno de migas de las galletitas que estaba comiendo, los ojos de las tres estaban en blanco pero en ella causaban peor impresión, sería por su pelo revuelto mal sujetado en una cola, o por las calzas tan apretadas en su culo enorme que ella lució sin complejos cuando se levantó un rato y se apoyó de espaldas contra las ventanillas sin dejar de hablar en nigún momento con las otras mujeres y de dar alguna que otra indicación cargosa e innecesaria a la nena que tenía al lado. la nena era una muñeca de unos 10 años que tenía unos ojoazos azules enormes y alucinados, de esos tan vivaces que dan la impresión de que se comen el mundo: ella era los ojos de todas. les contaba de los vendedores que pasaban ofreciendo baratijas, nos miraba y sonreía a los pasajeros que estábamos cerca, no se le pasaba una-su belleza infantil salvaje e inocente me hizo acordar a las fotos de la alicia de lewis carroll salvo que a la nena del tren se la veía mucho más contenta, exultante. la otra chiquita era hermosa también, tendría unos cinco años y, por el contrario, era pura introversión, estuvo todo el viaje mirando por la ventanilla super atenta sin pronunciar una palabra, con su aspecto finlandés, sus ropas pobres, el pelo rubísimo hasta la cintura y los ojitos verdes casi chinos abstraídos en el paisaje que llegando a once es sólo gris aunque para todas ellas, parecía que no.
liniers- ciudadela I
el barrio está fatal. volver tadre a la noche como volvemos mi hija y yo es un multiple choice donde todas dan incorrecto. caminar las cuadras que nos separan de la estación de liniers hasta casa es peligroso, sobre todo las dos últimas donde siempre es ir con el corazón a mil y el sobresalto ante el menor ruido que no sean los propios pasos. la otra variante, esperar el bondi en la mismísima estación de liniers, es la posibilidad cercanísima de que te pungueen por que pasa todos los días mientras la cana está románticamente controlando la alcojolemia bajo el puente de la general paz. Muchas veces espero el bondi en ese lugar y la actitud necesaria sería la del samurai que no soy por lo que la única que queda es estar girando casi permanentemente, cambiando de frente -sin que sea alevoso- porque pueden venir de cualquier lado. a veces está el colectivo y por la alegría de habernos evitado el mal momento de la espera uno tiene ganas hasta de preguntarle al chofer por la familia aunque no lo haya visto nunca antes, pero eso pasa sólo a veces.
liniers- ciudadela II
- má, hoy fui a hablar con la cana que está abajo del puente
- ehhh? para qué?
- les dije por qué no había un par en la estación para que no afanen a la noche, que cómo podía ser que no hicieran nada su estan a 100 metros
- loca como tu madre, qué te dijeron
- que no podían hacer nada, que eran los pibitos del hogar que está al lado de san cayetano, que viene el cura y los saca , que si los agarran y los llevan en cana los sancionan 15 días a los policías.
- bloomberianos hijos de puta, estos son los que quieren bajar la edad de imputabilidad. será verdad que son los pibes del hogar o será una mafia organizada por la cana?.
- me dijo que hay que ir a ver al fiscal
- queeee? ni loca, no, basta de hablar con la policía
- pero tengo miedo
- si son los pibes del hogar hay que hacer algo con ellos directamente, sin cana ni fiscales, tiene que haber una solución posible (me vino a la cabeza en ese momento el personaje de boluda total de cha cha cha)
-....
-....
- hacer algo? qué querés decir?
- no sé, pero hay que hacer algo...
Sólo para conformar una escena perfecta pensó que el tenía tanto amor como para poner en marcha una fábrica, para dar energía a toda una ciudad, o impulsar un tren.
Pero no era cierto
liniers- once
el sarmiento no estaba tan poblado esa mañana y hasta pude elegir dónde pararme. la escena frente a mí me mostraba a tres mujeres y dos niñas que ocupaban dos asientos enfrentados donde se respiraba un microclima festivo casi de compartimiento privado, una algarabía como si viajaran en el last train to london. las tres mujeres eran ciegas, una tendría cerca de cincuenta y las otras dos unos treinta y algo. una de ellas tenía un aspecto desagradable del que no debería tener ni idea: era bastante gorda y tenía el pecho lleno de migas de las galletitas que estaba comiendo, los ojos de las tres estaban en blanco pero en ella causaban peor impresión, sería por su pelo revuelto mal sujetado en una cola, o por las calzas tan apretadas en su culo enorme que ella lució sin complejos cuando se levantó un rato y se apoyó de espaldas contra las ventanillas sin dejar de hablar en nigún momento con las otras mujeres y de dar alguna que otra indicación cargosa e innecesaria a la nena que tenía al lado. la nena era una muñeca de unos 10 años que tenía unos ojoazos azules enormes y alucinados, de esos tan vivaces que dan la impresión de que se comen el mundo: ella era los ojos de todas. les contaba de los vendedores que pasaban ofreciendo baratijas, nos miraba y sonreía a los pasajeros que estábamos cerca, no se le pasaba una-su belleza infantil salvaje e inocente me hizo acordar a las fotos de la alicia de lewis carroll salvo que a la nena del tren se la veía mucho más contenta, exultante. la otra chiquita era hermosa también, tendría unos cinco años y, por el contrario, era pura introversión, estuvo todo el viaje mirando por la ventanilla super atenta sin pronunciar una palabra, con su aspecto finlandés, sus ropas pobres, el pelo rubísimo hasta la cintura y los ojitos verdes casi chinos abstraídos en el paisaje que llegando a once es sólo gris aunque para todas ellas, parecía que no.
Estoy embarazada otra vez.
Yo sabía, me pasa siempre.
Siempre que me abandonan
mientras me estoy enamorando
me embarazo
me resisto a la pérdida.
Soy madre soltera
de muchos romances.
Arrastro un tendal de hijos
y cuando conozco
un nuevo amor
ellos tironean de mi pollera
y me recuerdan
que ya sufrí demasiado
que voy a volver a sufrir.
Nina Bardi
Yo sabía, me pasa siempre.
Siempre que me abandonan
mientras me estoy enamorando
me embarazo
me resisto a la pérdida.
Soy madre soltera
de muchos romances.
Arrastro un tendal de hijos
y cuando conozco
un nuevo amor
ellos tironean de mi pollera
y me recuerdan
que ya sufrí demasiado
que voy a volver a sufrir.
Nina Bardi
14.8.07
Felicidad clandestina
Clarice Lispector
Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.
No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.
Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos".
Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.
Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.
Era un libro gordo, por Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.
Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.
Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un departamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.
Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diábolico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del "día siguiente" iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.
Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.
Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortada por palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió a fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!
Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena le ordenó a su hija: Vas a prestar ahora mismo ese libro. Y a mí: Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras. ¿Entendido?
Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: "el tiempo que quieras" es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.
¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Tomé el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.
Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire... había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.
A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo.
Clarice Lispector
Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.
No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.
Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos".
Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.
Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.
Era un libro gordo, por Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.
Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.
Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un departamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.
Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diábolico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del "día siguiente" iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.
Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.
Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortada por palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió a fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!
Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena le ordenó a su hija: Vas a prestar ahora mismo ese libro. Y a mí: Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras. ¿Entendido?
Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: "el tiempo que quieras" es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.
¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Tomé el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.
Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire... había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.
A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo.
12.8.07
un astrolabio tartamudo controla los desaeropuertos:
hordas de mariposas se enredan en los cabellos mojados que al viento resplandecen
hordas de mariposas se enredan en los cabellos mojados que al viento resplandecen
19.7.07
Mi hija se viste y sale
El perfume nocturno instala su cuerpo
en una segunda perfección de lo natural.
Por la gracia de su vida
la noche comienza azul y el cuarto iluminado
es una palpitación de joven felino.
Ahora se pone el vestido
con una fe que no puedo imaginar
y un susurro de seda la recorre hasta los pies.
Entonces gira
sobre el eje del espejo, sometida
a la contemplación de un presente absoluto.
El instante se desplaza hacia otro,
un dulce desorden se inmoviliza en torno
hasta que un chasquido de pulseras al cerrarse
anuncia que todas mis opciones están resueltas.
Ella sale del cuarto, ingresa
a una víspera de música incesante
y todo lo que yo no soy la acompaña.
Joaquín Giannuzzi
El perfume nocturno instala su cuerpo
en una segunda perfección de lo natural.
Por la gracia de su vida
la noche comienza azul y el cuarto iluminado
es una palpitación de joven felino.
Ahora se pone el vestido
con una fe que no puedo imaginar
y un susurro de seda la recorre hasta los pies.
Entonces gira
sobre el eje del espejo, sometida
a la contemplación de un presente absoluto.
El instante se desplaza hacia otro,
un dulce desorden se inmoviliza en torno
hasta que un chasquido de pulseras al cerrarse
anuncia que todas mis opciones están resueltas.
Ella sale del cuarto, ingresa
a una víspera de música incesante
y todo lo que yo no soy la acompaña.
Joaquín Giannuzzi
16.7.07

un rumano quiso presentar una demanda contra dios argumenatndo que él no lo pretegió para evitar que cometiera un homicidio, lo que me parece muy lógico, coherente y digno de imitación para cualquier religioso practicante.
la que sí es ridícula es la respuesta del juez: rechazó su pedido aduciendo que dios no tiene un domicilio fijo y por lo tanto no era posible enviarle una notificación.
y todo es cierto
14.7.07
cuando termina la clase se me pasa, o será que prefiero no pensar, pero el durante y el antes inmediato (por ejemplo cuando elijo el material con un cuidado y una dedicación fervorosos) son pura adrenalina.
es habitual que trabaje con adultos pero lo excepcional es que tengan una mente brillante como la suya. será por eso que nuestros encuentros me alegran en grados de intensidad que van desde la simple y nunca despreciable sonrisa que te entibia la cara hasta la compulsión de oír, ya en casa, unas 30 veces seguidas la canción que habíamos escuchado esa tarde en clase y recrear otras tantas veces el estado que me asaltó de improvisto cuando encendí el equipo en la sala silenciosa y la canción me pareció otra, desconocida, nueva, con una letra narrada en una primera desbordante de deseos hacia un vos tan directo y presente como él que estaba ahí, del otro lado de la mesa. por eso será que no pude levantar la vista y lo único que ví durante los tres minutos que duró el tema fueron sus hermosas manos y los puños de su camisa, sentí que mi cara estaba rojo-señal pero como no pude mirarlo ni siquiera sé si se dio cuenta.
siempre hay temas para un rato de conversación después de trabajar la gramática, nos vamos porque somos los últimos y cierran.
tiene unos ojos tan verdes y rasgados que acunan y cuando sonríe no puedo evitar verlo con un turbante verde esmeralda, no puedo.
en un perfecto castellano rioplatense me cuenta, por ejemplo, el proceso de formación de los cristales minerales a distinta profundidad de acuerdo a la temperatura de las distintas napas mientras yo pongo el piloto automático -por lo que puedo tomar nota de algún error que ocurriera para verlo juntos más tarde- y salto de vislumbrar de qué color es ese día la remera que tiene bajo la camisa por el ínfimo borde que se asoma, a su boca pimpante -ideal para la u trompudita de su propia lengua- pasando por el cuello y así.
estudia, aprende, registra todo y a pesar de mi debilidad desmedida por la polisemia y las metáforas de la vida cotidiana, a él le gusta! o al menos se la banca como un duque y asimila el universo que sale de mi boca.
cuando nos vamos, el descenso 8 pisos en un ascensor centenario es un aparte. por suerte es lento, los roles se esfuman y la luz tenue me lleva casi siempre a recostarme un poco contra los herrajes pintados en sintético negro mientras disfrutamos de algún último comentario antes de despedirnos.
trabajar así da gusto
es habitual que trabaje con adultos pero lo excepcional es que tengan una mente brillante como la suya. será por eso que nuestros encuentros me alegran en grados de intensidad que van desde la simple y nunca despreciable sonrisa que te entibia la cara hasta la compulsión de oír, ya en casa, unas 30 veces seguidas la canción que habíamos escuchado esa tarde en clase y recrear otras tantas veces el estado que me asaltó de improvisto cuando encendí el equipo en la sala silenciosa y la canción me pareció otra, desconocida, nueva, con una letra narrada en una primera desbordante de deseos hacia un vos tan directo y presente como él que estaba ahí, del otro lado de la mesa. por eso será que no pude levantar la vista y lo único que ví durante los tres minutos que duró el tema fueron sus hermosas manos y los puños de su camisa, sentí que mi cara estaba rojo-señal pero como no pude mirarlo ni siquiera sé si se dio cuenta.
siempre hay temas para un rato de conversación después de trabajar la gramática, nos vamos porque somos los últimos y cierran.
tiene unos ojos tan verdes y rasgados que acunan y cuando sonríe no puedo evitar verlo con un turbante verde esmeralda, no puedo.
en un perfecto castellano rioplatense me cuenta, por ejemplo, el proceso de formación de los cristales minerales a distinta profundidad de acuerdo a la temperatura de las distintas napas mientras yo pongo el piloto automático -por lo que puedo tomar nota de algún error que ocurriera para verlo juntos más tarde- y salto de vislumbrar de qué color es ese día la remera que tiene bajo la camisa por el ínfimo borde que se asoma, a su boca pimpante -ideal para la u trompudita de su propia lengua- pasando por el cuello y así.
estudia, aprende, registra todo y a pesar de mi debilidad desmedida por la polisemia y las metáforas de la vida cotidiana, a él le gusta! o al menos se la banca como un duque y asimila el universo que sale de mi boca.
cuando nos vamos, el descenso 8 pisos en un ascensor centenario es un aparte. por suerte es lento, los roles se esfuman y la luz tenue me lleva casi siempre a recostarme un poco contra los herrajes pintados en sintético negro mientras disfrutamos de algún último comentario antes de despedirnos.
trabajar así da gusto
7.7.07
el cambio momentáneo de ubicación produce una coalisión leve de costumbres, un choque entre blandos, una amorosa armonización al día siguiente.
vuelvo a estar de visitante entre queridos locales, esta vez, sin mi animal planet a cuestas.
por diez días
si al menos fuera dios
vuelvo a estar de visitante entre queridos locales, esta vez, sin mi animal planet a cuestas.
por diez días
si al menos fuera dios
20.6.07
hola a los que aún se dan una vueltita por acá.
en breve recupero mi compu y regreso con bloguideces propias.
hoy por hoy y desde un locutorio en el que estoy desde hace un par de horas largas, dos ocurrencias de mi dilecta descendiente directa
al que ayuda, dios lo madruga
a buenas palabras, poco entendedor
(tan jovencita y ya se avivó!!!)
en breve recupero mi compu y regreso con bloguideces propias.
hoy por hoy y desde un locutorio en el que estoy desde hace un par de horas largas, dos ocurrencias de mi dilecta descendiente directa
al que ayuda, dios lo madruga
a buenas palabras, poco entendedor
(tan jovencita y ya se avivó!!!)
27.4.07
a 180 por la ruta volviendo de rosario tras presenciar un par de conversaciones telefónicas
- si vos estás acostumbrado a ir a esta velocidad hablando, mejor dicho, discutiendo cosas tan importantes por el celular, en este momento también estoy yo acá así que te pido que la cortes o pares en la banquina
-pero está todo bien
- no, está todo mal
- ok, no hablo más, te lo prometo
....
....
....
- no te digo ni la mitad de lo que me pasa por la cabeza en este momento
- ya lo sé
- no sé si me llamaste porque necesitabas un referente de ese que fuiste o un testigo o un testaferro o un ángel guardián ¿para qué me pediste que te acompañara?
- nada de eso: me acordé de hace 25 años cuando entraste desnuda y con un espiral en la mano a la pieza donde dormíamos con otros compañeros para preguntarnos si no nos estaban morfando los mosquitos
- y yo que pensé que era algo serio...
- si vos estás acostumbrado a ir a esta velocidad hablando, mejor dicho, discutiendo cosas tan importantes por el celular, en este momento también estoy yo acá así que te pido que la cortes o pares en la banquina
-pero está todo bien
- no, está todo mal
- ok, no hablo más, te lo prometo
....
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- no te digo ni la mitad de lo que me pasa por la cabeza en este momento
- ya lo sé
- no sé si me llamaste porque necesitabas un referente de ese que fuiste o un testigo o un testaferro o un ángel guardián ¿para qué me pediste que te acompañara?
- nada de eso: me acordé de hace 25 años cuando entraste desnuda y con un espiral en la mano a la pieza donde dormíamos con otros compañeros para preguntarnos si no nos estaban morfando los mosquitos
- y yo que pensé que era algo serio...








